Pedro Sánchez y el bloque político.

Sánchez y el bloque político.

La situación política española se ha instaurado en la cultura del “no es no”. El actual sistema de partidos multipartidista polarizado que la ciudadanía ha introducido en el Parlamentarismo español, no ha traído hasta el momento una cultura de pactos y consenso, sino más bien todo lo contrario, confrontación,  radicalidad y bloqueo. Desde que en las elecciones de 2015, donde la entrada con fuerza de Podemos y Ciudadanos cambiara el panorama político español, los partidos, tanto los viejos como los nuevos, han ido dando pasos hacia una política de interés particular y no general, buscando el beneficio propio y no el de la ciudadanía. Los partidos hoy tienen más competencia de la que tenían décadas atrás. Cada paso en falso que da un partido político,  es aprovechado por el partido con la distancia ideológica más próxima, lo que hace que se mire con lupa todas las acciones que se pueden o no llevar a cabo para no salir perjudicados en términos electoralistas.  

A partir de las elecciones de 2015 son muchos los ejemplos que tenemos encima de la mesa. Desde el “no es no” de Pedro Sánchez de abstenerse para favorecer un Gobierno del Partido Popular, hasta el “veto” de Albert Rivera al propio Pedro Sánchez de no pactar con él y no facilitar la investidura del Partido Socialista. Entre medias tenemos el voto en contra de Pablo Iglesias para que no hubiera un gobierno de Socialistas y de Ciudadanos en 2015, o la negativa de Pablo Casado de abstenerse para que gobierne ahora Pedro Sánchez con 123 escaños, que era la misma cantidad de escaños que tenía Mariano Rajoy en el año 2015, cuando el propio Pablo Casado le pedía la “abstención al Psoe por sentido de Estado”. Todos achacan a su rival político no tener sentido de Estado cuando quedan primeros en las elecciones generales, pero ninguna utiliza ese sentido de Estado para darle la gobernabilidad al vencedor de las mismas. Sólo el Psoe, tras unas segundas elecciones y tras haber echado a Pedro Sánchez del partido, se abstuvo para darle el Gobierno a Mariano Rajoy y no tener que llevarnos a unas vergonzantes terceras elecciones. Albert Rivera, que vio como perdió votantes (casi 500.000) en la repetición electora del 2016 por haber pactado con Pedro Sánchez para la investidura de 2015, tomó nota de cómo la competencia electoral -en este caso del centro derecha- le era perjudicial si tomaba acciones que no gustaban a su electorado. Ahora con la llegada de Vox, se mide todavía mucho más qué posición toma respecto a diferentes cuestiones. 

La multiplicidad de partidos políticos hace que se haya radicalizado las posturas de los partidos. En un sistema bipartidista perfecto o imperfecto como se ha tenido durante muchos años en España, este problema no existía porque las acciones no tenían tanto coste electoral al no tener la competición de partidos que hay ahora. Hoy, se está continuamente en discurso electoralista, a sabiendas que los gobiernos son de coalición, algunos muy débiles y que en cualquier momento puede dar un vuelco, como la moción de censura a Rajoy en 2018 que por primera vez en España tuvo éxito. Esto es debido al nuevo sistema de partidos en el Parlamento. Los partidos políticos han entendido el nuevo sistema como un sistema de confrontación y no de diálogo. El Parlamentarismo exige una cosa: hablar y pactar con quien no comparte tus ideas políticas, sociales y económicas a cambio del bienestar de los ciudadanos, que se supone el objetivo número uno de la política. Hasta que esto no se entienda dentro del parlamentarismo español, el bloqueo va a ser constante por el rédito electoral que saca cada partido. Nadie entendería que en un sistema parlamentario, habiendo varias posibilidades de lograr sacar un gobierno adelante, se nos llevara de nuevo a unas segundas elecciones, siendo las cuartas elecciones generales en 4 años, lo que equivale a una legislatura en España. 

Las consecuencias de este bloqueo y confrontación por ambas partes, es que la ciudadanía está perdiendo la confianza tanto en el sistema como en los partidos, lo que David Easton denominó en ciencia política apoyo difuso -confianza en la política como sistema democrático- y el apoyo específico -confianza en los líderes políticos, en sus políticas, etc-. En España siempre se ha tenido más apoyo difuso, confiar en la democracia como sistema de Estado, sus Instituciones, y no tanto en el apoyo específico, en los líderes político. Esto se está acrecentando en los últimos años con la valoración que el CIS y otras encuestas saca a relucir sobre la valoración de los líderes políticos, con una media por debajo del 3 sobre 10; o cómo según el CIS, el 75% de los encuestados no creen que el Parlamento hoy les resuelva los problemas diarios, resultando evidente que sí creen en la democracia, en la institución parlamentaria, pero no en el uso que los políticos hacen sobre ella. Un sistema puede sobrevivir con pocos niveles de apoyo específico si mantiene unos buenos apoyos difusos. En el caso contrario ese sistema político no es estable. 

La situación actual requiere de hombres y mujeres de Estado, de altura de miras y de responsabilidad. Tenemos un sistema parlamentario, más acorde con nuestra historia, con las diferentes identidades dentro de una misma nación. No tenemos por qué cambiar el sistema, los que deben cambiar son los políticos, olvidarse de sus réditos electorales, de sus beneficio personal y político y mirar más sobre el conjunto de los ciudadanos: eso es la Política. Sin embargo es Pedro Sánchez quien al mandato del Rey de formar gobierno debe llevar la iniciativa, y no esperar que pase el tiempo y la oposición le regale la investidura. Sánchez sabe que en segunda vuelta tiene todas las de ganar esperando a que Podemos bajo la presión de investir a un Presidente de Izquierdas o ir a nuevas elecciones elegirá la primera opción; pero, de momento los de Iglesias haciendo uso de sus escaños necesarios, está optando por entrar en el gobierno y dando la responsabilidad a Sánchez, ya que si éste opta por no formar gobierno con Podemos, Iglesias puede no darle la investidura e ir a nuevas elecciones ,donde también juega Sánchez sabedor como hemos dicho anteriormente, que esto es favorable a sus intereses porque volvería a captar votantes de podemos, como el Partido Popular de Vox. Sánchez ahora mismo mira las encuestas y sabe que le son favorables, que incrementaría su poder en el Parlamento y por eso no va a aceptar las exigencias de Podemos de un gobierno de Coalición. Así pues, el actual bloqueo político parte de Pedro Sánchez. 

En sus manos estamos. 

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